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FITO: ENTRE EXPEDIENTES Y CANCIONES

  • Foto del escritor: Valerie Rodas
    Valerie Rodas
  • hace 10 minutos
  • 5 min de lectura

“Cuando siento que ya todo está perdido, porque muchas cosas me han salido mal, siempre me acompaña en el camino, siempre está conmigo, un ángel guardián…”


Antes de ser Fito de Legión, fue Rodolfo. Un guatemalteco que creció en las calles de Jardines de la Asunción, en la zona 5 de la Ciudad de Guatemala, un espacio que resulta peculiar por su historia y vivencias. Su vida ha transcurrido en medio de dos hermanas que han estado muy presentes y que también lo acompañaron cuando la música comenzó a tomar un lugar importante.


Méndez creció escuchando a su abuelita cantar, aunque no era cantante profesional. El cantautor la recuerda como una referencia importante de aquellos primeros años y quizá, sin que ninguno lo supiera, algo de aquella música cotidiana se quedó viviendo en él.


Me compartió una historia de su infancia que adquiere un significado importante y que demuestra esos primeros años de acercamiento involuntario con la música.


Durante la primaria estudió en el Colegio Loyola y allí fue compañero y amigo de otro niño llamado Ricardo Andrade. Entre risas, me cuenta con naturalidad y nostalgia que, cuando los compañeros se portaban bien, cantar podía convertirse incluso en una especie de premio: cantaba Ricardo o cantaba Rodolfo.


Recuerda también aquellas tardes, alrededor de las seis, en las que ambos cantaban juntos. Entre las canciones que Ricardo interpretaba estaba ¿Por qué se fue, por qué murió?


Lo extraordinario es pensar en todo lo que ninguno de los dos podía saber todavía. Años después, Rodolfo sería Fito de Legión y Ricardo Andrade se convertiría en una de las figuras fundamentales del rock guatemalteco. Y es que, con Los Últimos Adictos, Andrade llegó a realizar 101 conciertos solamente durante 2001. Lamentablemente, murió el 20 de octubre de 2002, después de haber sido herido en un ataque ocurrido seis días antes.


Pero en aquel momento eran solamente dos patojos cantando y Fito lo recuerda con su cabello corto, siempre muy activo. Afortunadamente, volvieron a cruzar caminos antes del lamentable incidente y pudieron recordar un poco de aquellos niños que disfrutaban entreteniendo al pequeño público del Loyola, en la zona 1 de la ciudad.


Rodolfo estudió la secundaria en el Colegio Salesiano Don Bosco, institución fundada en Guatemala en 1932 y con una larga tradición de actividades académicas, culturales, artísticas y deportivas. Fue allí, durante segundo básico, donde apareció una persona que Fito todavía recuerda por nombre y apellido: Guido Arriola.


Aquel maestro lo impulsó a participar en un concurso de canto. A Fito no le hizo ninguna gracia.


No entendía por qué su profesor lo estaba haciendo pasar por aquella vergüenza frente a sus compañeros. Finalmente, subió y cantó Hazme olvidarla, de Álvaro Torres.


Ganó.


Fito todavía no estaba convencido de que aquello significara demasiado. Hasta que Guido le dijo una frase que permanecería guardada durante años:


“Vos no renegués de los talentos que te dio Dios, porque no sabés de qué talentos vas a vivir.”


Fito pensó que estaba loco. Pero la vida terminaría dándole la razón a Arriola.


La música continuó apareciendo sin que Fito la persiguiera como una carrera. Participó en un grupo de una iglesia católica, cantó en cumpleaños y comenzó a descubrir algo evidente para los demás: a la gente le gustaba escucharlo.


Aun así, el camino profesional parecía estar en otra parte. Entró a estudiar Derecho.


Sus padres veían con cautela la posibilidad de convertir la música en profesión. Querían que se graduara y construyera una carrera. Sus hermanas, en cambio, estuvieron muy cerca de su aventura musical.


Mientras cursaba los primeros años universitarios, Fito seguía presentándose esporádicamente. En ese camino conoció a Karla González y a Helmuth y, junto con otros integrantes, comenzó a tomar forma una banda.


La llamaron Legión.


Fito aclara algo que durante años pudo prestarse a interpretaciones: el nombre no tenía ninguna intención religiosa ni satánica. La idea era la de una legión de patojos buscando alcanzar a una legión todavía mayor de jóvenes a través de su música.


Entonces llegó un lapicero y escribió “Dime”. No acostumbra escribir veinte canciones para después escoger la mejor. Cuando una letra aparece, esa es. Lo describe como algo inexplicable, como si las palabras vinieran espontáneamente desde arriba.


Legión comenzó a sonar a mitad de los noventa y el proyecto dejó de sentirse como una aventura entre amigos. Uno de los momentos que Fito conserva especialmente ocurrió durante una Teletón. Escuchó que los anunciaban como Legión y comprendió que algo estaba sucediendo.


Después llegaría un paso todavía mayor: firmar con DIDECA.


Para entender lo que significaba aquello, hay que recordar el peso que la compañía tuvo en la música centroamericana. Alux Nahual, por ejemplo, grabó con DIDECA desde 1981 y durante su relación con la compañía publicó siete producciones.


Para unos jóvenes que estaban comenzando a escuchar sus canciones en la radio, entrar en aquella estructura significaba acercarse a las ligas mayores de la industria regional.


Legión comenzó a convivir con una época fértil de la música guatemalteca. Alux Nahual, Grupo Rana, Los Santa Fe, Viento en Contra, Ricardo Andrade y, posteriormente, Malacates Trébol Shop son solo algunos de los nombres que forman parte de ese paisaje musical que Fito recuerda y que todos añoramos al sintonizar la radio.


Rodolfo se graduó de abogado y posteriormente desarrolló su carrera en el área penal. Pero nunca abandonó la música.


Luego apareció una de las grandes canciones de su carrera: “Tonta”.


La canción tenía antecedentes fuera de Guatemala y llegó a Legión como una adaptación. Pero, como ocurre tantas veces en la música, el público terminó teniendo la última palabra y se convirtió en una de las canciones más identificadas con Legión.


Posteriormente llegó a su trayectoria “Maldita mi suerte”, un himno de inicios de los años dos mil. La canción nació de experiencias personales de Fito y de situaciones que había observado entre personas cercanas.


Curiosamente, el hombre detrás de varias canciones que acompañaron nuestros dramas sentimentales juveniles no se considera demasiado romántico. Fito se describe más bien como introvertido. Incluso le da pena cuando alguien pone una canción suya estando él presente.


Sus gustos pasan por el rock en inglés, con bandas como Def Leppard y Whitesnake, además de muchos otros géneros. De Legión, su canción favorita es “Ángel Guardián”.


Méndez tiene ese color de voz que, para quienes crecimos escuchando a Legión, resulta difícil confundir. Para mí era emocionante escucharlo al otro lado del teléfono mientras narraba, amigablemente, pinceladas de su vida.


Y es que la historia de Fito también obliga a hablar de una época. Los colegios tenían festivales, noches culturales, concursos y espacios en los que muchos jóvenes descubrimos música guatemalteca.


En ese momento yo no pensaba en entrevistar a guatemaltecos extraordinarios ni en escribir sus historias. Simplemente escuchaba.


Hoy el abogado divide su vida entre dos mundos que aparentemente podrían parecer opuestos: entre expedientes y canciones.


Le pregunté qué le gustaba más.


¿La música o la abogacía?


Sonrió y no lo dudó.


La música.


Actualmente comparte también presentaciones con Francisco Páez, vocalista de Malacates Trébol Shop, interpretando canciones de los años ochenta. Es una etapa que disfruta y para la cual, cuenta, vienen más presentaciones. También habrá un concierto por los 30 años de trayectoria de Legión, hoy conformado por Helmuth (guitarra base), Paco Ángel (guitarra líder), Walter Galindo (teclado), Fabio Cermeño (batería), Franklin González (bajo) y Fito Méndez (vocalista).


Entre tantas anécdotas descubrí al Fito cotidiano, al que le gusta el café, la playa, los perros, los colores gris y negro, el pepián y la Isla de Flores, Petén.


Cumple años el 23 de septiembre; el año quedó bajo reserva.


Sumado al talento, encontré a un hombre cálido y amable, dispuesto a recordar y a no dejar de cantar. Aquel maestro tenía razón: Fito iba a marcar la historia musical de este país y se iba a quedar para siempre en una parte muy especial de nuestra vida, nuestra juventud.


Legión cumplió su misión porque sus letras marcaron y siguen marcando a miles de personas.


¡Gracias, Fito, por tu legado y por lo que falta!



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