PENSAMIENTOS DE ¿FIN DEL ENCIERRO?

El 2021 tiene una responsabilidad grande, se espera de él ser mucho mejor que el 2020, hasta lo imagino agobiado, nervioso, le sudan los meses y le tiemblan los días con la angustia de entrar en acción, de cumplir con la tarea que le tocaba al 2020 que ya tenía la ventaja de marcar una nueva década, pero la humanidad le reclama que falló.
“Vamos a cerrar operaciones, no sabemos cuándo vamos a volver, cuídense ustedes y sus familias...” un escalofrío me recorrió la espalda, mi respiración se alteró, tal vez por el calor de marzo o por el miedo de los sucesos impensables que estaban ocurriendo. El silencio en las calles era estremecedor, como una película del fin del mundo, hasta las inamovibles tradiciones de Semana Santa se suspendieron; las noticias hablaban en todos los medios de lo mismo, la libertad de locomoción y respirar en público se detuvo; las filas en los supermercados eran inciertas, todos con mascarilla como si el oxígeno ya no fuera una buena fuente de vida; la pobreza y la muerte se hicieron visibles, varios seres amados, conocidos y personal médico perdieron la lucha. Aquello que un día de marzo creímos dudaría un mes a lo mucho, se convirtió en la famosa nueva normalidad. Las mascarillas adecuadas hoy cuestan Q5, aquellos meses costaban hasta Q75, hoy el coronavirus es un término al que nos acostumbramos, antes le temíamos; hoy hacemos bromas y nos burlamos de nuestra paranoia por acaparar el papel higiénico y el desinfectante Lysol.
Recapacito entonces y me pregunto ¿aprendimos algo? la histérica afluencia vehicular, los centros comerciales rebosados, los lugares turísticos con cenas elegantes de año nuevo y el atascado transporte público parecen demostrar que ya volvimos a los viejos hábitos sólo que ahora con mascarilla. La empatía decayó nuevamente, el consumismo nos volvió a atrapar, los hospitales no nos importan otra vez y aquello que vimos como lo más valioso, la salud, nos es indiferente porque “ya está la vacuna”.
Nos atrevemos a maldecir el año 2020 y asegurar con arrogancia que el 2021 será mejor, inconscientes otra vez de que con un simple estornudo la vida se le puede esfumar a millones de habitantes en el planeta. El ruido de la cotidianidad vuelve a subir el volumen para evitar que escuchemos la belleza ya no estamos atentos a la fragilidad de la vida.
No esperemos otra pandemia para meditar en silencio. Ayudemos al 2021 a ser un mejor año, cambiando nuestros malos hábitos, siendo seres más humanos, enfocados en la bondad y empatía y no solamente en la tecnología. El 2020 fue sólo un número, un año en el calendario, ni culpable ni inocente, todo lo que pasa alrededor es responsabilidad nuestra exclusivamente. Seamos conscientes de nuestra vulnerabilidad y hagamos del 2021 el año que esperamos, démosle la bienvenida con conciencia ambiental, con interés por nuestro país, con agradecimiento, con empatía, con nuestra mejor versión y principalmente con humildad. Si creemos en Dios, creamos más, agradezcámosle a Él por habernos permitido llegar con salud a esta nueva vuelta al calendario, debemos ser ese ejemplo de amor que Dios espera de nosotros.
Estas fotografías las tomé en distintas épocas y espacios de Guatemala durante el 2020 y me hacen confirmar que la belleza siempre ha estado allí. Les deseo, queridos lectores, un equilibrado nuevo año, repleto de lo esencial, con plena conciencia del privilegio de tener vida y como siempre, infinitas gracias por leerme 365 días más.
Memorias “Pensamientos del encierro”
Parte I abr-2020
Parte II jun-2020
Parte III sep-2020




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